Autosuficiencia energética ¿Es posible?

¿A quién no le atrae la idea de ser un Robinson Crusoe y no depender de nadie en su casa? Ciertamente es una idea sugerente para la que quizá la crisis esté abriendo oportunidades. Como meta final, podemos aspirar a la autosuficiencia energética, pero en la medida en que reduzcamos la necesidad de suministros limitándolos a momentos puntuales o aportaciones estacionales, incluso anuales, estaremos dando pasos en la buena dirección. Podremos llenar los depósitos con surtidor de gasoil y tratar de espaciar al máximo cada suministro hasta dejarlo en algo muy esporádico. Mantendremos la conexión eléctrica a la red general pero veremos que lo necesitaremos en caso de emergencia.

El resultado cambiará nuestra forma de vida y la hará más equilibrada y acorde con el entorno. Y como todo lo que tiene un buen objetivo y requiere esfuerzo, resultará muy gratificante.

Dificultades para la autosuficiencia energética

La principal dificultad es el cambio de mentalidad que supone. Requiere, en primer lugar, inversiones importantes en tiempo, espacio y dinero. La gestión de nuestros recursos es un trabajo que exige imaginación y tiempo. Necesitará espacio para alojar depósitos, placas, conductos… y esas instalaciones cuestan un dinero que tardará algunos años en ser revertido en forma de ahorro.

Necesitaremos placas solares fotovotaicas, tal vez un sistema de aprovechamiento geotérmico e incluso aerogeneradores pequeños que contribuyan a cubrir la demanda energética. Además, no debemos contar con la eliminación completa de los sistemas de energía tradicionales porque durante un tiempo, al menos, seguiremos necesitándolos. No se consigue la autosuficiencia energética, ni siquiera en una proporción razonable, de la noche a la mañana.

Ventajas de la autosuficiencia energética

Dando por supuesta la mejora que supone lograr una forma de vivir sostenible y respetuosa con el medio ambiente, es evidente que a la larga obtendremos un beneficio económico con el ahorro. La satisfacción de ahorrar haciendo algo beneficioso para todos es importante y nos hará más conscientes de nuestra situación en el planeta. En paralelo, dependeremos menos de los vaivenes del mercado y nos sentiremos más fuertes porque en gran medida nos bastaremos a nosotros mismos.

Para ello hay que empezar desde el principio, desde el diseño de la casa si es posible, e ir dando pasos progresivos hacia nuestro objetivo.

Unos cuantos aspectos que debes cuidar

La orientación de la casa debe estar pensada para aprovechar tanto el soleamiento como los vientos dominantes. Algunos elementos tales como fachadas y tejados cumplirán funciones energéticas que condicionarán su forma y sus materiales. La ventilación es imprescindible pero debe estar bien controlada. Dentro, tendrás que buscar la eficiencia de los aparatos y reducir los consumos a lo mínimamente necesario. Las chimeneas que se alimentan con biomasa pueden tener conductos de aire que reparten el calor por las habitaciones de pisos superiores (si se prevén durante la construcción). Contraventanas, puertas cortavientos, porches, vegetación… todo ayuda a reducir las pérdidas energéticas.

El nivel de autosuficiencia energética que consigas dependerá de tus circunstancias, pero puede ser muy alto. Luego puedes abordar también la gestión de los residuos, la recogida del agua de lluvia… El camino es largo, pero merece la pena.

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